Cómo empezar a comer sano sin morir en el intento – Sustennials — Cultura sustentable

Cómo empezar a comer sano sin morir en el intento

Somos la única especie que cocina, pero de a poco nos vamos convirtiendo en la única especie que come productos que vienen empaquetados. Doble daño: a nosotros y al medio ambiente. ¿Cómo revertirlo?

Los hábitos nos definen, pero no son fijos: se pueden construir y deconstruir. Solo hay que encontrar la manera ideal para cada uno. Lo importante es tener presente que no hay punto de llegada, la vida saludable se construye y se riega todos los días. Queremos proponerte una serie de pasos que a nuestro entender, no fallan:

Comer la mayor cantidad de alimentos reales versus comida empaquetada. Si sos de los que necsitan llevarse vianda o snacks al trabajo, siempre mejor una banana (wow, el primer alimento real “empaquetado”) que una barra de cereal con millones de aditivos.

Cociná una o dos veces por semana en grandes cantidades. Por ejemplo, un sábado a la noche ponés arroz yamaní/lentejas/porotos a fermentar (agua, arroz y una cucharada de jugo de limón). El domingo colás y cocinás. Además, meté en el horno o al vapor 2 o 3 verduras troceadas: calabaza, papa, batata, berenjena, zanahoria, zapallito (elegí las que más te gusten). Ahí ya tenés comida lista para armar varios platos en la semana.

Agregá a tus platos proteína animal de buena calidad. Pollo, carne, pesacado y huevos. La alimentación más completa y nutritiva es incluyendo todos los minerales vitaminas y nutrientes de las plantas pero combinadas con pollo, carne, pescado lácteos y huevos. Siempre siendo conscientes de su consumo, de dónde provienen, a base de qué se alimentan esos animales y dónde viven. Esta alimentación provee de vitaminas claves como la B12, D, A, C, K2, y minerales en la gestación, el desarrollo y crecimiento de los chicos y la vida diaria de un adulto.

Tomá mucha agua. Tu cuerpo, tu bolsillo y el planeta te lo van a agradecer. Tener tu propia botella de vidrio reutilizable infinitamente va a hacer que tomes mucha más agua, que no generes plástico y que no gastes en agua embotellada. Y para arrancar con los cambios de hábitos te proponemos que arranques tus mañanas con un vaso de agua natural o tibia y medio limón exprimido. Al principio puede que te cueste, pero a lo largo de los días, vas a empezar a ver sus beneficios. Te aseguramos que en una semana se empieza a instalar el hábito. Si bien es ácido, al ingresar al cuerpo equilibra el PH. Todo el tiempo el cuerpo está regulando su PH. Cuando nos despertamos nuestro cuerpo está ácido, por eso, antes de desayunar es importante alcalinizarlo. Un cuerpo ácido es más propenso a enfermarse.

No comás si no tenés hambre. Aprendé a escuchar a tu cuerpo.

Usá productos de origen natural. Para pelo, cuerpo y cara, usá productos que contengan ingredientes que comerías. Hoy en día hay muchísimos proyectos que además de no tener entre sus ingredientes aditivos, colorantes y conservantes, son empredimientos. De nuevo, te lo agradecerá tu cuerpo, tu bolsillo y el planeta.

Y por último, cuando decidas comprar algo que viene en paquete, leé bien la etiqueta, la de atrás. La de adelante es puro marketing, la de atrás te dice de verdad lo que tiene el producto. Si es una lista interminable, volvé a dejarlo en la góndola. Si tienen cosas que no sabés ni pronunciar, también. Y si el origen es muy lejano, el planeta te va a agradecer que no lo consumas. Es importante que pensemos de dónde vienen los productos que consumimos.

Aprender a escucharte es lo mejor que puede pasarte. Adoptá habitos que puedas sostener en tu vida, no van a ser los mismos que los del vecino, ni que los de tu amigo del alma, cada uno tiene los suyos, y eso nos hace únicos. ¡Disfrutar de una rica comida -aunque no sea saludable- compartida con tus amigos o tu familia, esa es la nutrición primaria!