El impacto cero no existe – Sustennials — Cultura sustentable

El impacto cero no existe

Reconocemos que es tiempo de cambiar nuestros hábitos y reducir nuestro impacto lo máximo posible. Y aun así, vivir con conciencia ambiental no es fácil. Está lleno de contradicciones, de idas y vueltas y de ideas arraigadas que debemos cuestionarnos una por una.

Es prácticamente imposible vivir sin afectar la naturaleza. Todas las actividades humanas, incluso las más pequeñas y aparentemente inofensivas, generan un impacto en el ambiente. Desde que nos levantamos, preparamos un café y viajamos al trabajo, hasta que nos vamos a dormir y nos secamos el pelo o miramos la tele, estamos presionando a los ecosistemas. La vida cotidiana, queramos o no, nos exige trasladarnos, consumir, usar la electricidad y generar residuos, por mucho que tratemos de evitarlos. Asumida esta realidad, tenemos dos opciones: resignarnos o intentar hacer un cambio.

En el primer caso, son comunes los razonamientos que muchos repiten para justificar su inacción. «¿Para qué separar la basura, si total después viene el camión y se lleva todo junto?», «Que yo use la bicicleta, con la cantidad de autos que circulan, no cambia nada». Las excusas para no hacer son infinitas. Resignarse siempre es el lugar cómodo y fácil.

Es prácticamente imposible vivir sin afectar la naturaleza. Todas las actividades humanas, incluso las más pequeñas y aparentemente inofensivas, generan un impacto en el ambiente.

Pero lo cómodo y fácil muy pocas veces coincide con lo correcto. A eso se refiere, justamente, aquella frase tan popular de «salir de la zona de confort»: los escépticos deben sacudirse los malos hábitos y hacerse cargo de la naturaleza de la que forman parte. Pensando que no vamos a cambiar nada, seguramente no cambiemos nada.

La otra opción es convencernos de que lo que hagamos cuenta. No hace falta que seamos ascetas ni nos vayamos a vivir a la selva lejos de la sociedad de consumo. Pero sí que tomemos conciencia, que no nos dé lo mismo, que nos reconozcamos parte y no dueñxs de la naturaleza y que la defendamos cada vez que podamos, con lo que esté al alcance.

Cambiar el mundo

Hay quienes sostienen que la suma de las conciencias individuales no da como resultado una conciencia colectiva. En otras palabras, que aquello de «las pequeñas acciones pueden cambiar el mundo» es sólo una expresión alegre pero utópica. Sin ser pesimistas (pero sí realistas), hay que reconocerle a esta premisa parte de verdad. Las decisiones que realmente pueden torcer el destino de la humanidad, lamentablemente, no dependen de nosotrxs, sino de quienes nos gobiernan (política y económicamente). Son ellos, en última instancia, quienes tienen en sus manos el poder de moderar los patrones de producción y consumo actuales, incompatibles con la posibilidad de nuestra supervivencia como especie.

Aun así, ello no debe desanimarnos. Por el contrario, teniendo en cuenta que los cambios deben gestarse desde abajo hacia arriba, es mucho lo que podemos hacer: nosotrxs somos lxs votantes y lxs consumidorxs. Si el sistema funciona de esta manera, es porque lo estamos permitiendo o porque estamos siendo cómplices desde nuestro silencio o inacción.

Ambientalistas imperfectos

Si sos de lxs que ya se embarcaron en el desafío de llevar una vida más consciente, seguramente enfrentes a diario muchas contradicciones: cerrás la canilla para lavar los platos, pero cada tanto te gusta darte baños de inmersión. Separás los residuos, pero te cuesta evitar tirar comida. Sos vegetarianx, pero no salís sin tu campera de cuero. Te compraste una bici, pero soles usar el auto para hacer pocas cuadras. O quizá salís a hacer las compras con bolsa de tela, pero te tentas y soles comprar más de lo necesario.

Es entendible que sufras del síndrome «frazada corta» (que lo que sumás por un lado lo restás por otro). Asumirnos como personas complejas no solo nos va a permitir perdonar nuestras contradicciones, sino también evitar caer en el error de no hacer nada por creer que se hace poco.

Librar todas las batallas es muy difícil. Pero el cambio cultural empieza tomando conciencia, quitándose la venda de los ojos. Vivir acorde con esa nueva mirada. Las nuevas generaciones lo saben. Y son imparables.

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Nota escrita para Revista Ohlalá!