En buenas manos – Sustennials — Cultura sustentable

En buenas manos

En Argentina el desempleo de las personas con discapacidad alcanza el 80%. En muchos casos, esto se debe a los prejuicios que existen sobre sus capacidades de trabajo, algo que En Buenas Manos busca -y logra- derribar. Conversamos con Hernán Español, fundador del proyecto.

¿Qué es En Buenas Manos?

Es una organización social que busca generar un cambio de mirada respecto del empleo de las personas con discapacidad a partir de diversos emprendimientos que buscan no sólo promover la ruptura de barreras sociales hacia la contratación de personas con discapacidad, sino también generar mayor autonomía y mejorar la calidad de vida de quienes integran. A diferencia de otras organizaciones que promueven la inclusión de personas con discapacidad, que suelen focalizarse en tareas de advocacy, nosotros buscamos inspirar a la sociedad y a las empresas a contratarlas, mostrando ejemplos concretos de empleos, en los que día a día, las personas con discapacidad llegan a sus lugares de trabajo y desarrollan sus actividades agregando valor, de manera igualitaria.

¿Cómo surgió el proyecto?

Durante mis estudios de grado en la universidad realice apoyo escolar a jóvenes de un barrio marginal en la Ciudad de Buenos Aires. La actividad resultó gratificante hasta que luego de tres años, me di cuenta de lo reducido y frustrante del impacto generado. Por tal motivo, decidí discontinuar mi asistencia semanal en busca de otra tarea que me hiciera sentir más a gusto. Diez años después, trabajando en Australia conocí el servicio de masajes brindado por dos mujeres ciegas en empresas. Me fascinó la idea, y al regresar a la Argentina decidí dedicar tiempo para replicar esta idea que parecía obvia y sencilla. 

¿Te resultó fácil traer la idea al país?

Presenté el proyecto y el plan de negocios a una Federación de personas ciegas, proponiéndome para liderarlo en forma voluntaria, pero me informaron que no estaban interesados por dos motivos principalmente: primero, porque las personas ciegas no contaban con el nivel de autonomía que el proyecto requería, y segundo, porque el proyecto era demasiado novedoso para un país como la Argentina. Tras la negativa, le propuse a la Federación conseguir los fondos y probar si era factible, que no tenían ellos nada que perder. Pero tuve una segunda negativa, en la que me explicaron que las personas con discapacidad venían de frustración en frustración, y que veían en este proyecto otro fracaso, y “del que no querían ser cómplices”.

Por lo visto eso no te detuvo…

Dejé el proyecto en suspenso durante tres años, hasta que en febrero de 2011 presente la idea a Mónica Espina, directora de la Asociación Audela, quien me dio un efusivo feedback: «Pelotudo, hace tiempo que no escucho un proyecto mejor que este, ¡no puedo creer que lo hayas dejado congelado 3 años!». 

Al día siguiente, ya estaba tomando un café con Javier, una persona ciega que me presentó Mónica para hablar del proyecto, su factibilidad y su aceptabilidad por parte de las personas con discapacidad. Javier se sorprendió con el proyecto y me dijo que ellos estaban cansados de recibir capacitaciones y que lo que necesitaban era “laburar, ganar plata, como el resto”, y agrego, “y si tenemos que hacerlo siendo masajistas, lo haremos”. 

Lo mejor resultó consultar directamente a ellos…

Si, de hecho las siguientes semanas, nos entrevistamos con empresas para presentar la propuesta y dos de ellas decidieron probar el servicio. Inmediatamente, iniciamos la capacitación de cuatro masajistas. El servicio resultó no solo novedoso sino de alto nivel, por lo que empezó a correr el boca en boca y a crecer el proyecto. También, por prejuicio social, muchas personas manifestaron el asombro de que las personas con discapacidad  pudieran trabajar y ser autónomas. Ese mismo año tuvimos 10 masajistas, pasamos a 18 al año siguiente, luego a 24, y así seguimos creciendo hasta alcanzar los aproximadamente 40 masajistas que trabajan hoy en distintas empresas.

Por prejuicio social, muchas personas manifestaron el asombro de que las personas con discapacidad  pudieran trabajar y ser autónomas.

¿Cómo fue que pasaron de hacer masajes al abanico de servicios que ofrecen actualmente?

Las empresas mismas empezaron a consultarme por otros servicios brindados por personas con discapacidad, como ser data entry, gastronomía, florería, entre otros, por lo que decidí “parar la pelota” y redefinir el alcance la organización que estaba creando. Ya no era más un proyecto de empleo a personas ciegas como masajistas, sino que estaba cambiando la mirada de las personas de RRHH sobre las personas con discapacidad. De este modo amplié el propósito, buscando ser una organización que contribuiría a la creación de un mundo en el que la discapacidad no sea una barrera para el acceso al empleo. Hoy en día contamos con 15 proyectos en estudio, que son evaluados en una matriz de triple entrada; visibilidad, auto sustentabilidad y valor agregado.

¿Cómo se financia el proyecto?

Este punto es otra diferencia con la mayoría de las ONG que trabajan en discapacidad, donde su principal fuente de financiación son las donaciones. En Buenas Manos desarrolló un modelo de impacto social que no depende de donaciones, sino que se financia a través de los servicios que brinda, que le dan auto sustentabilidad y le permiten cumplir con su misión de visibilizar el empleo.

¿Cuál crees que es el mayor aporte que hace En Buenas Manos?

A diferencia de aquella ayuda escolar desarticulada en tiempos universitarios, EBM tiene un resultado palpable, genera trabajo y gente contenta con esta oportunidad y hasta familias que se han formado a través de la organización. Hemos logrado sensibilizar a muchas empresas y a los familiares de las mismas personas con discapacidad que antes no confiaban en que su hijo/hermano era capaz. Cada miembro de En Buenas Manos es un mensajero de que las personas con discapacidad son capaces de agregar valor en el mundo laboral. Hemos logrado mucho, pero el camino es más largo aún, falta muchísimo, pero sé que estamos avanzando hacia una sociedad más inclusiva.

En Buenas Manos brinda todos estos servicios:

• Masajes relajantes, brindados por 40 personas no videntes, en 50 empresas 

• Distribución de bandejas de fruta y ensaladas gourmet, brindado por 35 personas con retraso intelectual y personas con discapacidad auditiva, en 120 empresas 

• Servicio de digitalización de legajos, brindado por 6 personas hipoacúsicas, en organismos públicos y empresas.

• Cafeterías atendidas por 10 personas con discapacidad auditiva

• Desinfección de oficinas y plantas industriales contra COVID, fumigación y limpieza (general y de tanques). 

• Confección de barbijos

• Servicios de streaming (taller de lengua de señas, pausas activas, meditación y automasajes)