Melina Masnatta – Sustennials — Cultura sustentable

Melina Masnatta

Cofundadora de Chicas en Tecnología, una organización que busca reducir la brecha de género en el ambiente emprendedor tecnológico.


¿Cómo nació tu inquietud por aumentar la equidad de género?

A los 14 años me profesionalicé como bailarina clásica, bailé en el Colón. Ese mundo que me apasionaba mucho me hizo tener mi primera idea de que algo no estaba funcionando bien. Notaba que éramos muchas las mujeres en el mundo del arte (de alto rendimiento)  pero los coreógrafos, maestros y directores eran todos hombres. Me hacía mucho ruido la cantidad de mujeres que éramos y la exigencia que teníamos y que después termináramos bailando coreografías de hombres. 

Con el tiempo, tomé otro camino y entré a la universidad pública para dedicarme a la Ciencias de la Educación, para poder transformar a partir de una mirada científica la educación, y volví a encontrar el mismo patrón en el mundo educativo. Éramos un montón de mujeres pero los que tomaban las mayores decisiones eran hombres. Por ejemplo: ministros, sindicatos. Hay lugares donde las mujeres somos mayoría pero actuamos como minoría o no somos quienes estamos representadas en lugares claves.

Hay lugares donde las mujeres somos mayoría pero actuamos como minoría o no estamos representadas en lugares clave.


Al poco tiempo de estar estudiando, empecé a trabajar y a especializarme en el área de la tecnología educativa donde me parecía curioso que todos los libros en relación con la tecnología estaban por escribirse, esto fue hace como doce o trece años atrás. Ahí volví, nuevamente, a detectar lo mismo. En el rediseño del aprender y del enseñar  las mujeres teníamos el desafío de implementar programas de tecnología, pero no los diseñamos ni estábamos en la mesa de la toma de decisiones para esos programas. Entonces me di cuenta de que en el mundo tecnológico sucedía esta contradicción. Cuando se amalgamaba con un ámbito más social, quienes programaban eran hombres y encima hacían programas para que las mujeres implementen en el mundo educativo ,y las mujeres no tenían ningún tipo de recorrido o incidencia en todo ese camino. Desde ahí nace éste interés en trabajar y saber más sobre equidad de género en la industria tecnológica.

¿Qué te impulsó a crear Chicas en Tecnología

En todo este recorrido que fui haciendo también descubrí que tenía varios límites de crecimiento. En ese ámbito de crecimiento de mi carrera profesional empecé a verme sesgada por todas estas limitaciones que tienen que ver con la brecha de género.

Una de la co fundadoras realizó un encuentro con distintas mujeres que trabajan en tecnología para hablar sobre estos temas. En ese momento todas las mujeres que éramos teníamos entre 25 y 30 años. Y notamos que no significaba cuántos MBAs, maestrías o títulos tuviéramos sino que teníamos un sesgo de crecimiento. Lo que fue interesante cuando decidimos qué hacer con esa problemática  es que miramos hacia atrás y vimos que faltaba pensar en una masa crítica y no íbamos a ser nosotras que ya tomamos esta decisión y estamos transitando este recorrido. Ahí fue que decidimos impactar en las jóvenes adolescentes para que sea más sostenible y real en el tiempo.

Encontramos muchos obstáculos. Uno de ellos es la parte financiera de inversión social en estos proyectos, si bien lo identifican como un problema que si hay que invertir pero es muy cortoplacista ese pensamiento. Cuesta un montón que el sector privado y público inviertan con una mirada a mediano – largo plazo. Otro obstáculo es la desinformación y no entender por qué hacemos lo que hacemos.

En lo personal, cuando tomé la decisión de dedicarme al 100% a este rol fue muy desafiante porque había que crear desde otros lugares y volver sólida a esta organización. Una persona muy importante para mi, me dijo que mi rol era más clave ahí que en el sector privado o desarrollándome en otros ámbitos. Hoy pasaron tres años y sigo agradeciéndole por ese consejo porque a veces necesitamos la mirada del otro como un empujón a lo que queremos hacer.

¿Qué significa para vos ser un emprendedora sustentable?

Significa poder leer el contexto y poder trabajar articuladamente con las personas los talentos, las necesidades. La pandemia en lo personal me puso en jaque para reinventar muchas estrategias pero no lo hubiera podido hacer si no tenía un equipo talentoso. Una emprendedora sustentable tiene el desafío de poder empoderar a las personas y pensar que si unx mañana no está, esto puede seguir creciendo y mucho mejor. 

¿Qué le aconsejarías a alguien que quiere emprender de manera sustentable?

Lo primero es identificar qué existe. Nosotras lo hicimos cuando fundamos Chicas en Tecnología, identificamos qué había en el mercado. Y cuando detectás otras organizaciones similares o que hacen, más o menos, lo mismo que vos, te permite romper esa barrera y preguntar. Es clave involucrarse con otras personas porque vas tejiendo una red colaborativa más sustentable que se transforma en vínculos que más adelante llevan a la acción. No hay mejor consejo del de alguien que haya tenido la misma experiencia y comparta sus logros y frustraciones.

Es clave involucrarse con otras personas porque vas tejiendo una red colaborativa que se transforma en vínculos que llevan a la acción.

¿Qué hábito sustentable es el que más orgullo te da?

Uno de mis hábitos sustentables tiene que ver con el plástico y el reciclaje. Al haber vivido en el sur podía ver la cantidad de plástico que había en las playas y cómo perjudicaba a los animales. 

¿Y el que te resulta más difícil de cambiar?

Me cuesta mucho cambiar, cuando pido comida o hago compras,  exigir envases de plásticos renovable, reciclables, de cartón. Ese punto me duele y me cuesta mucho. Sé que debería exigir pero también hay muy poca oferta en ese recorrido. Ojalá en el corto y mediano plazo eso también cambie.